Dije que iba a prepararte un regalo cuando volvieras del colegio. Hoy dijiste que el regalo más lindo que habías recibido era conocerme...no sé qué tan verdad es eso, porque todavía no nos conocemos. Aunque me digas "mi amor" y yo sienta un escalofrío en todo mi cuerpo al escucharte decir "te conozco, Fre". Podría decir que es una ilusión, pero se siente tan real como todo lo que tengo a mi alrededor, como esta computadora que me ve sonriendo cuando recibo mensajes tuyos, o la botella que tengo al lado, de la que bebí agua cuando nos quedamos sin saliva por tanto hablar esa noche. Sí, vos te acordás de qué noche estoy hablando.
Como te dije antes, siento que podemos parar el mundo, parar este tiempo, hacer un paréntesis nosotros, y lo hacemos, creeme que lo hacemos, el tiempo es inconspicuo cuando estamos juntos, es volátil, se nos va entre los dedos, entre las manos, entre los besos que nos queremos dar y entre las palabras.
Las palabras a mí... siempre me parecieron simples palabras, todas con una historia, una carga energética particular, Lo cuál es lógico, el lenguaje es una extensión de nosotros mismos. Vos entendés más de "extensiones" que yo, ¿o no?
Abro este paréntesis en esta oportunidad... sé que podés parar el mundo por mí, sé que puedo reducir el mundo por vos (hacia vos, sos vos).
Hoy te pregunté qué pensabas acerca de que no tuviésemos casi nada en común.
¿De qué estabamos hablando en realidad, Alejandro?
Lo que tenemos en común es algo intangible, pero está ahí, amarrándonos, estamos juntos y amarrados. Y nos necesitamos. Si para pelear dos subconcientes se tuvieron que poner de acuerdo, imagino que para amarnos también. Todo en nosotros se puso de acuerdo, Alejandro.
Este acuerdo tiene años, más que los tuyos, más que los míos. Más que cualquier otra cosa que yo haya conocido o imaginado.
Nuestros cuerpos se pusieron de acuerdo, así me digas que nada de este plano terrenal te interesa lo suficiente, sé que puedo hacer que este mundo se vuelva tan maravilloso para vos como lo es ese otro plano que manejás y que yo aprendí a desconocer apenas cumplí mis diecisiete.
Estoy entregada a aprender todo lo que me tengas que enseñar, a escucharte todo lo que me tengas que contar, a resolver cada pequeño conflicto adentro tuyo, *y fuera tuyo* con este mundo, y con los otros.
Quiero ser tu compañera, Alejandro.
Ni siquiera puedo establecer una etiqueta para esto que somos -y que no-. Sos mi novio hace una semana y un par de horas, pero ¿hasta qué punto eso también es limitante para lo que somos?
Ser novios es lo más cercano a toda la energía que viene desde vos hacia mí y viceversa, somos novios en este mundo, en este plano, pero... antes...¿qué fuimos? en otros lugares...¿qué somos?... ¿cuál es el techo que tocamos, Alejandro? ¿Hay techo para nosotros y esto?
Cuando digo esto, me refiero a lo que siento cuando me llamás en la mañana.
A lo que sentís cuando te digo que sos bueno, y lo sos.
Yo te siento en todas partes y de todas formas. Y creeme, que soy una experta en sentir.
No quiero límites con vos, Alejandro. Ni tenerlos, ni que los tengas.
Abro este paréntesis en esta oportunidad...
Estos cimientos parecen ser más fuertes que cualquier cosa que hayamos experimentado antes... porque para mí es así, vos sos la más fuerte de las experiencias que jamás tuve, sabés que no hablo del sexo que compartimos, ni de las lágrimas que nos sacamos.
Hablo de mí.
Hablo de vos.
Hablo de un nosotros.
Si parece que no tenemos nada en común, entonces es tiempo de que construyamos algo juntos.
Me llamo Fresia, nací el once de octubre, del 1992, y llovía. Tengo trastornos de ansiedad y me como las uñas desde que soy pequeñita, cuando perdí un chupete en un supermercado muy grande. Tuve dos duendes, Nisi y Copi, cumplí los cinco y se fueron, nunca más volvieron. Le tengo miedo a estar sola, y a la oscuridad. No me gustan las tortugas porque son lentas. Me gusta prender fósforos, me gusta el fuego. Siempre le pongo nombres a las papas fritas antes de comérmelas. Nunca besé a un chico con ganas de hacerlo. Me siento incómoda con mi cuerpo. El día más feliz de mi vida lo pasé en una plaza, muerta de frío, con mi mejor amigo. Adoro cocinar. No tengo recuerdo de mi infancia, ninguno, absolutamente ninguno, todo está borrado desde los 10 para abajo. Mis papás no suelen comprenderme. Una vez tuve un ataque de pánico en la universidad, y me quedé encerrada en el baño. Me gustan mucho los toboganes. Colecciono bolitas de nieve de todas las ciudades que conozco. Hablo con desconocidos por la calle. Siento que alguien me está persiguiendo. Quisiera estar en otro lugar ahora mismo. Soy muy perfeccionista y autoexigente, siempre quiero ser la mejor. Me frustro con facilidad. Me río de cosas tontas. Abandono a la gente que quiero, por miedo. Estoy enamorada de un chico de 16 años. No lo quiero perder nunca.
¿Te digo lo que sé de ese chico de 16 años?
Que está solo
Que tiene miedo
Que se esconde tras una máscara que construyó luego de un sinfin de decepciones.
Que también se frustra, o está frustrado.
Que no tiene metas en este plano terrenal.
Que se refugia, ahí, ahí en su zona de confort.
Que lo lastimaron mucho.
Que es dulce.
Que es interesante.
Que es divertido
Que es perspicaz
Que es hermoso,
Que es mágico.
Que es bueno desde los pies al alma, y desde el alma a mí.
Que ahora no está solo.
y que ahora espero que ya no tenga miedo.
¡Y además te compuse una canción!
perdón por toda la intensidad.
Caleidoscopio chino
No hay comentarios:
Publicar un comentario